jueves, 6 de septiembre de 2012

Y dejarme llevar donde tu corriente me lleve


"Dicen que los barcos zarpan de un puerto llevándose consigo a valientes marineros, que a su vez dejan atrás a su familia y a sus mujeres. Quizá esta sea la última vez que sea vean. Quizá el mar (o la mar, según se prefiera) se los lleve para siempre. Quizá esa mujer querida que espera a la orilla nunca vuelva a ver a su amado y le siga esperando allí. Quizá sea en el muelle de San Blas, como decía Maná; tanto ya no sé. Pero no escribo sobre eso, sobre ese mar, sino sobre otro muy diferente. Escribo sobre un mar en el que me embarcaría sin dudarlo. No llevaría una brújula que guiase mi camino. Ni una carta de navegación ni nada. Iría donde me llevase la corriente. Fuera en un navío grande o un simple bote. Lo cruzaría remando yo solo o utilizando el viento como soporte. Incluso me gustaría perderme en él, en su inmensidad. Por siempre. Ese mar no es el tipo de mar al que estamos acostumbrado. Y lo tengo claro, mucho más de lo que nunca antes lo tuve. Adentrarme en ese mar. Pasar horas y horas enganchado, atrapado en él, sin posibilidad de escapar. Estar mi vida entera recorriéndolo de punta a punta. Cada marca, cada manchita que lo rodea, es una parte nueva que quiero descubrir. Pero no sólo eso, yo quiero ir más allá de ese mar. Quiero llegar incluso más allá de ese mar, recorriendo todo y llegando donde ningún otro hombre llegó. Yo quiero ser marino. Yo quiero recorrer los sietes mares de tu cuerpo. Yo quiero ser capitán de un barco que se pierda en el mar de tus labios."

martes, 4 de septiembre de 2012

"Tienes los ojos verdes"


"No sabía ni su nombre, pero ya pensaba en ella nada más verla. Cruce de miradas. Tan corto que sólo ella y yo lo notamos. No nos decimos nada, ni siquiera nuestros nombres. Simplemente sus pupilas se clavan en las mías, y las mías en las suyas. Marco su nombre en la lista de asistentes, sin saber siquiera que era ella. Pasan los meses. Nos cruzamos de nuevo. Ella se va y yo llego. Seguimos sin saludarnos. Pasa el tiempo y la veo en una red social, me fijo en lo que estudia y su nombre, que luego no recordaría. Vuelven a pasar los meses. Nos encontramos. Coincidimos en el mismo sitio donde nos vimos por primera vez. Cruce de miradas. No hay dos besos. Ni de cortesía ni de ningún tipo. Pregunto su nombre. Me lo dicen. A la tarde cruzamos primeras palabras. Esos ojos se clavan en los míos y veo algo en ellos. Cruzamos primeras impresiones. Cuadramos patrullas. Nos sonreímos. Y ahora mientras escribo esto vuelvo a sonreír como aquella vez. Tiene magia. Y gracias le doy por compartirla conmigo."