
La noche está entrada y hemos salido solo para ver qué ambiente hay. Entramos en un local.
- Está abarrotado de gente - comenta un amigo.
- Vámonos a otro sitio - replica otro.
- ¡No seas agonías! Está lleno como de costumbre, ¿vamos a ver si encontramos un sitio en la barra? - digo respondiéndo a ambos.
- Perfecto - responden todos al unísono.
Nos cuesta lo nuestro pasar entre toda esa gente para llegar a la barra. Tenemos que abrirnos paso con algún que otro empujón sin importancia, teniendo cuidado de que no nos tiren una copa encima o de que nos quemen con un cigarrillo. Nos apoyamos en la barra y pedimos. Hoy no se bebe, que me toca llevar el coche. El pequeño inconveniente de estar malo y tomando antibióticos. Algunos se van por su cuenta a buscar chicas, a saludar a alguien que conocen o simplemente al baño, mientras que nos quedamos un amigo y yo solos. Charlamos entretenidamente de lo ocurrido la noche anterior. Mi amigo se calla un segundo y dice:
- Hay una chica allí que mira para aquí, y creo que no es para mí - dice mi amigo.
- Mírala a ver si reacciona - contesto sin prestar apenas atención.
- Ya lo he hecho y no se inmuta. Mira tú ahora - replica él.
- Voy - respondo mientras me giro.
La busco con la mirada, la encuentro mediante indicaciones de cómo va vestida por parte de mi amigo. Clavo mis ojos y ella, que efectivamente estaba mirando, se gira.
- No creo que te viese mirar antes. Si vuelve a mirar, miras otra vez - le contesto a modo de esquivar el tema.
- Ya lo está haciendo y he mirado y no se inmuta. Mira tú - añade él rápidamente.
Miro nuevamente y ella me mira a mí. Esta vez no aparta la mirada. La sonrío y ella se gira como si estuviera avergonzada.
- Tenías razón. Me mira a mí - digo dándole la razón a mi amigo, que ,por desgracia, suele tenerla siempre.
- Vete a hablar con ella - me dice.
- ¿Y dejarte a ti solo? Ni pensarlo - contestó amodo de disculpa.
- No me seas bobo. Yo estoy perfectamente aquí. Además la chica es muy guapa - replica él, visiblemente enojado.
- Ya lo sé. Pero, ¿qué podría ver ella en mí? - contesto con curiosidad.
- No lo sé, pero no seas zoquete y vete a averiguarlo - replica él nuevamente.
Me convence y me acerco, mientras ella mira hacia otro lado. Ella está con dos amigas y entre ellas charlan. La toco el hombro, ella se gira y en su cara se dibuja una expresión de sorpresa al verme. No hay reacción de ninguno de los dos. Entonces me decido a romper el hielo hablo.
- Hola - digo yo.
- Hola - responde ella, mientras da un sorbo a la copa que lleva entre la smanos.
- Te he visto antes que miraba a dónde estábamos mi amigo y yo, y no sabía si era a nosotros - le comento yo.
- Sí, te miraba a ti - responde ella decididamente.
- Ah, ¿y eso por qué? - pregunto interesado.
- Me agrada verte, me gusta cómo eres - contesta mientras da otro sorbo a la copa, casi
acabándola - contesta ella.
- ¿En serio? Nunca pensé que una chica como tú se pudiera fijar en alguien como yo - replico yo, sorprendido.
- ¿Como tú? No entiendo por qué lo dices… - replica ella poniendo cara de incomprensión.
- Mírame y mira a los otros chicos que hay en este sitio - contesto girándome para ver el bar. - Hay chicos con los que no me puedo comparar ni de pasada.
- No me interesan los chicos que van de guapos, ni los tipos duros, ni los que van al gimnasio tres horas al día y luego llevan la camiseta abierta para que se les vean los musculitos que tienen, que en realidad, podían pasar de esas tres horas por lo menos una leyendo un libro, porque en realidad son unos incultos - replica ella sin ni siquierea cortar la frase para respirar.
- No soy tampoco precisamente una mente maravillosa y privilegiada - respondo yo, casi a modo de excusa.
- No me gusta tampoco eso - añade ella rápidamente.
- ¿Entonces? - pregunto interesado.
- Prefiero un chico compensado, como me da la sensación que eres tú - contesta ella.
- Se agradece tanto halago y tanta sinceridad - digo sinceramente.
- Me gusta lo que me atrae y me gusta decirlo, no hay nada malo en ello -contesta ella de manera
más que correcta.
- Tienes razón - añado yo, dándole la razón. -Me sorprende encontrar gente así en este mundo.
- Gracias… me alegra mucho saber que pienses así, y conocerte también - responde poniendo cara de niña traviesa.
- Y a mí conocerte a ti - añado yo.
Nos quedamos en silencio los dos y decido volver a romper el hielo, pero no sé cómo hacerlo, así que sin pensarlo suelto un cliché, tan utilizado que al salir de mi boca creo que he metido la pata del todo.
- ¿Estudias? - pregunto sin apenas interés.
- ¿Acaso importa? - replica ella.
- No, tienes razón - responde dándole la razón nuevamente.
Ella asiente con la cabeza y ambos nos quedamos mirándonos. Silencio absoluto. Necesita hablar con ella, saber más. Y me vuelvo a lanzar, cagándola de nuevo. O eso creo.
- ¿Cuántos años tienes? - pregunto sin pensar.
- ¿Acaso importa? - replica ella.
- No, vuelves a tener razón - respondo, cediendo nuevamente.
- Lo sé - añade ella, sonriendo.
- Al menos dime tu nombre - replico yo, intentando saber algo.
- ¿Acaso importa? - contesta ella, desviando el tema.
- Creo yo que sí - matizo yo.
- Prefiero que no sepas mi nombre y que yo no sepa el tuyo - responde ella, intentando concluir
la conversación.
- ¿Y eso por qué? - pregunto yo, realamente intrigado.
- Porque eso hará que esta noche que espero que pasemos juntos se recuerde no por nombres ni por nada más, sino por lo bien que lo pasemos - contesta ella.
- Tienes razón, en el fondo sé que la tienes - digo yo, cediendo.
- ¿Quieres que nos vayamos de aquí? Hay mucho ruido y mucha gente - dice ella poniendo ojos de juguetona.
- Sí, vámonos - digo yo, sin pensarlo.
Buena noche nos espera.