lunes, 14 de junio de 2010

Give me a smile and I'll move the world.



No puedo más, no aguanto ni un segundo más este sufrimiento. Me caigo, me derrumbo, estoy extenuado. Llevo horas y horas de esfuerzo, de trabajo, de sacrificio, para nada. No soy capaz de seguir, no me siento con fuerzas para continuar.

De rodillas en el suelo me llevo las manos a la cara, las arrastro por la cabeza atravesando el pelo que, sudado, se me revuelve, dándome un aspecto de loco.

Miro a mi alrededor y no veo a nadie. Estoy solo. No tengo ni un alma cerca que me ayude ni me motive, que me ánimos o que me critique. Estoy solo, y con razón. Pensándolo fríamente, la verdad es que tengo lo que merezco.

La soledad me asfixia, la sensación de no tener a nadie me desespera. Mis ojos se llenan de lágrimas y rompo a llorar como un niño pequeño al que le han quitado la piruleta.

Pero, en un momento, levanto la vista y te veo. Estás allí, detrás de la puerta de cristal, de pie, mirándome con gesto serio y sin decir nada. Abres la puerta y entras. Yo me incorporo y me limpio las lágrimas con la camiseta sudada. Muy listo Guille, ahora el sudor hace que te escuezan los ojos; al menos tendrás una disculpa por si te dicen que has llorado. Te acercas, pero yo no me muevo.

Cuando estás a mi lado, te paras mientras me mieras a los ojos. Ninguno dice nada. Un minuto, dos, tres... ¡Dios, cada segundo me parece una hora! No puedo soportarlo más, tengo que decirte algo.

¿Qué has venido a hacer aquí? - pregunto.

Deja de preguntar qué hago y piensa en qué no haces tú - responde ella. - Levanta tu perezoso culo y esfuérzate más.

No necesito más palabras. Asiento con la cabeza y vuelvo a lo mío. Sin detenerme, sin que nada ni nadie se interponga en mi camino.Y allí permanezco más tiempo del que puedo soportar, pero no me rendiré, no, no lo haré, por lo menos mientras estés allí mirándome con esa sonrisa dibujada en los labios...

martes, 8 de junio de 2010

Get out of my way.



Un día más, un día de estudio. Junio aprieta y no sólo el calor. Los exámenes se aproximan, la desgracia se cierne sobre nosotros, o eso dicen algunos.

Madrugas para aprovechar el día, estudias mañana y tarde, con hueco a mediodía para dormir un rato. Las horas de apuntes pasan factura. Los fines de semana te despistas como puedes, saliendo a tomar algo o simplemente por tu cuenta yéndote a correr por sitios donde sólo estás tú.

Tanto tiempo estás dentro que te olvidas de todo lo de fuera, de todo lo que te rodea cuando no estás dentro de esas cuatro paredes, con ese flexo criminal asfixiándote, por mares y mares de apuntes en los que te pierdes.

Pero hoy ya me cansé, hoy salí, hoy me dispuse a relajarme un poco. Pero al salir por la puerta, no sabía lo que me iba a encontrar.

Allí estabas tú, como una mala señal, como un mal augurio que me hacía pensar que de todo el tiempo que paso allí dentro de casa, para un rato libre que tengo para salir, allí estás tú, a la puerta de mi casa, como quien no quiere la cosa. Con tus amigas sin saber por qué, pero allí estás.

Me miras, yo aparto la mirada. No quiero saber más de ti, te acercas disimuladamente. Saco el teléfono del bolsillo para mirar la hora y me exasperó al saber que cada segundo estás más cerca. Levanto la cabeza y me doy cuenta de que te he perdido de vista. Tus amigas se ríen, me enfado, me pongo las gafas de sol mientras pienso en a dónde voy a ir a dar una vuelta hoy por la noche.

Entonces alguien se me cuelga de la espalda, suelto los brazos que me abrazan de modo un poco violento. Me giro, pero te vuelves a abalanzar sobre mí, rodeándome el cuello y besándome. Yo no puedo evitarlo e instintivamente te cojo por la cintura para que no te caigas ni me tires a mí.

Separas tus labios de los míos, me miras y me dices 'te he echado de menos'.

¡Qué importante puedes llegar a ser para mí y a la vez que ganas tengo de que me dejes en paz de una vez!

Vete por ahí de una vez, no quiero verte más, sal de mi vista, de mi vida. Vete de aquí, rompe con todo como tantas veces me dijiste que harías. Mantente a un lado y no regreses, porque no te haré caso nunca más...

lunes, 7 de junio de 2010

Tonight's gonna be a good night.




La noche está entrada y hemos salido solo para ver qué ambiente hay. Entramos en un local.


- Está abarrotado de gente - comenta un amigo.


- Vámonos a otro sitio - replica otro.


- ¡No seas agonías! Está lleno como de costumbre, ¿vamos a ver si encontramos un sitio en la barra? - digo respondiéndo a ambos.


- Perfecto - responden todos al unísono.


Nos cuesta lo nuestro pasar entre toda esa gente para llegar a la barra. Tenemos que abrirnos paso con algún que otro empujón sin importancia, teniendo cuidado de que no nos tiren una copa encima o de que nos quemen con un cigarrillo. Nos apoyamos en la barra y pedimos. Hoy no se bebe, que me toca llevar el coche. El pequeño inconveniente de estar malo y tomando antibióticos. Algunos se van por su cuenta a buscar chicas, a saludar a alguien que conocen o simplemente al baño, mientras que nos quedamos un amigo y yo solos. Charlamos entretenidamente de lo ocurrido la noche anterior. Mi amigo se calla un segundo y dice:


- Hay una chica allí que mira para aquí, y creo que no es para mí - dice mi amigo.


- Mírala a ver si reacciona - contesto sin prestar apenas atención.


- Ya lo he hecho y no se inmuta. Mira tú ahora - replica él.


- Voy - respondo mientras me giro.


La busco con la mirada, la encuentro mediante indicaciones de cómo va vestida por parte de mi amigo. Clavo mis ojos y ella, que efectivamente estaba mirando, se gira.


- No creo que te viese mirar antes. Si vuelve a mirar, miras otra vez - le contesto a modo de esquivar el tema.


- Ya lo está haciendo y he mirado y no se inmuta. Mira tú - añade él rápidamente.


Miro nuevamente y ella me mira a mí. Esta vez no aparta la mirada. La sonrío y ella se gira como si estuviera avergonzada.


- Tenías razón. Me mira a mí - digo dándole la razón a mi amigo, que ,por desgracia, suele tenerla siempre.


- Vete a hablar con ella - me dice.


- ¿Y dejarte a ti solo? Ni pensarlo - contestó amodo de disculpa.


- No me seas bobo. Yo estoy perfectamente aquí. Además la chica es muy guapa - replica él, visiblemente enojado.


- Ya lo sé. Pero, ¿qué podría ver ella en mí? - contesto con curiosidad.


- No lo sé, pero no seas zoquete y vete a averiguarlo - replica él nuevamente.


Me convence y me acerco, mientras ella mira hacia otro lado. Ella está con dos amigas y entre ellas charlan. La toco el hombro, ella se gira y en su cara se dibuja una expresión de sorpresa al verme. No hay reacción de ninguno de los dos. Entonces me decido a romper el hielo hablo.


- Hola - digo yo.


- Hola - responde ella, mientras da un sorbo a la copa que lleva entre la smanos.


- Te he visto antes que miraba a dónde estábamos mi amigo y yo, y no sabía si era a nosotros - le comento yo.


- Sí, te miraba a ti - responde ella decididamente.


- Ah, ¿y eso por qué? - pregunto interesado.


- Me agrada verte, me gusta cómo eres - contesta mientras da otro sorbo a la copa, casi

acabándola - contesta ella.


- ¿En serio? Nunca pensé que una chica como tú se pudiera fijar en alguien como yo - replico yo, sorprendido.


- ¿Como tú? No entiendo por qué lo dices… - replica ella poniendo cara de incomprensión.


- Mírame y mira a los otros chicos que hay en este sitio - contesto girándome para ver el bar. - Hay chicos con los que no me puedo comparar ni de pasada.


- No me interesan los chicos que van de guapos, ni los tipos duros, ni los que van al gimnasio tres horas al día y luego llevan la camiseta abierta para que se les vean los musculitos que tienen, que en realidad, podían pasar de esas tres horas por lo menos una leyendo un libro, porque en realidad son unos incultos - replica ella sin ni siquierea cortar la frase para respirar.


- No soy tampoco precisamente una mente maravillosa y privilegiada - respondo yo, casi a modo de excusa.


- No me gusta tampoco eso - añade ella rápidamente.


- ¿Entonces? - pregunto interesado.


- Prefiero un chico compensado, como me da la sensación que eres tú - contesta ella.


- Se agradece tanto halago y tanta sinceridad - digo sinceramente.


- Me gusta lo que me atrae y me gusta decirlo, no hay nada malo en ello -contesta ella de manera

más que correcta.


- Tienes razón - añado yo, dándole la razón. -Me sorprende encontrar gente así en este mundo.


- Gracias… me alegra mucho saber que pienses así, y conocerte también - responde poniendo cara de niña traviesa.


- Y a mí conocerte a ti - añado yo.


Nos quedamos en silencio los dos y decido volver a romper el hielo, pero no sé cómo hacerlo, así que sin pensarlo suelto un cliché, tan utilizado que al salir de mi boca creo que he metido la pata del todo.


- ¿Estudias? - pregunto sin apenas interés.


- ¿Acaso importa? - replica ella.


- No, tienes razón - responde dándole la razón nuevamente.

Ella asiente con la cabeza y ambos nos quedamos mirándonos. Silencio absoluto. Necesita hablar con ella, saber más. Y me vuelvo a lanzar, cagándola de nuevo. O eso creo.


- ¿Cuántos años tienes? - pregunto sin pensar.


- ¿Acaso importa? - replica ella.


- No, vuelves a tener razón - respondo, cediendo nuevamente.

- Lo sé - añade ella, sonriendo.


- Al menos dime tu nombre - replico yo, intentando saber algo.


- ¿Acaso importa? - contesta ella, desviando el tema.


- Creo yo que sí - matizo yo.


- Prefiero que no sepas mi nombre y que yo no sepa el tuyo - responde ella, intentando concluir

la conversación.


- ¿Y eso por qué? - pregunto yo, realamente intrigado.


- Porque eso hará que esta noche que espero que pasemos juntos se recuerde no por nombres ni por nada más, sino por lo bien que lo pasemos - contesta ella.


- Tienes razón, en el fondo sé que la tienes - digo yo, cediendo.


- ¿Quieres que nos vayamos de aquí? Hay mucho ruido y mucha gente - dice ella poniendo ojos de juguetona.


- Sí, vámonos - digo yo, sin pensarlo.

Buena noche nos espera.