Solo tres preguntas me hago:
- How much I miss you?
- How much I need you?
- How much I love you?
Me cruzo contigo y me sobrecojo. Te miro, pero tú no te das cuenta de que estoy aquí. Te llamo, pero no me oyes. Me acerco a tí, te pongo la mano en el hombro. Te giras, me miras y me dices 'perdona, pero no te conozco'. Un dolor profundo destroza mi corazón, como una puñalada, rompiéndole en mil y un pedazos. Me giro, me marcho en silencio. Me pregunto '¿cómo ha sido capaz de olvidarme después de lo vivido juntos?' No soy capaz de sonreir ni de hablar. No me agrada la compañía, prefiero la soledad. Intento llorar, pero no salen lágrimas de mis ojos. Intento gritar, pero de mi garganta no sale más que un pequeño ruido. Apenas logro dormir las noches siguientes. Finalmente caigo en un profundo sueño del que no despierto hasta pasadas unas cuantas horas... Y al despestar, una sorpresa. ¡Ahí estás! Me miras, me sonrías, me besas y con la mayor dulzura del mundo me dices 'buenos días mi príncipe'.
La motivación nos llena de energía y entusiasmo. Pero, ¿qué es la motivación?, ¿cómo encontrarla? Y cuando la encontramos, ¿cómo mantenerla?
Nos empeñamos en buscar la felicidad cada día y no nos damos cuenta de que es ella quien tiene que encontrarnos. Y eso será cuando menos te lo esperes: en el instituto, en el supermercado o en mitad del mar. Y cuando llega descubres que ahí no acaba todo, que el final de un camino solo es el principio de otro y lo único importante es la persona que escojes para que camine a tu lado. Y esconderse es lo que menos te importa, lo que te importa es que estás tocando con la yema de los dedos, eso que has estado soñando toda tu vida, y ya solo importa el hoy, el presente. Y lo que queda por venir.
He crecido, he aprendido, he vivido...basket. El único que siempre está ahí, el que nunca me da la espalda, el que me devuelve la sonrisa y me hace sentir especial. Es paciente y me enseña a través de mis errores, no me juzga, solo me acompaña en el camino. En todas sus versiones, basket propio, basket ajeno, en mi piel, en la de los que juegan conmigo o en la de aquellos que juegan a miles de km de mi casa y ganan anillos para adornar sus manos de malabarista. A través de las lágrimas, del cansancio, del esfuerzo, de las risas, de la euforia, de la tensión, de los sentidos exprimidos al máximo, de entenderse sin palabras, del compañerismo...crezco, aprendo, vivo.