martes, 24 de noviembre de 2009

El cliente siempre tiene la razón

Se estremece con el viento como la última hoja de un árbol que se muere. Dejo que oiga mis pasos. Se queda rígida un instante.
- ¿Quieres un cigarrillo?
- Claro. Gracias. ¿Te aburren tanto como a mí?
- No he venido a divertirme, he venido por tí. Llevo días observándote, eres muy deseable. No es tu rostro, ni es tu físico, ni tu voz… son tus ojos, las cosas que veo en tus ojos.
- ¿Y qué ves en mis ojos?
- Una serenidad salvaje. No quieres huir, afrontarás lo que tienes que afrontar, pero no quieres hacerlo sola.
- No… no quiero hacerlo yo sola.
El viento se eleva electrizante. Ella es dulce y cálida, casi etérea. Su perfume es una dulce promesa que hace aparecer lágrimas en mis ojos. Le digo que no se preocupe, que la salvaré de todo cuanto la asuste, que la llevaré muy lejos. Le digo que la quiero. El silenciador hace del disparo un susurro… y la abrazo fuerte hasta que se desvanece. Ya nunca sabré de qué huía. Cobraré el cheque por la mañana.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Nunca des un paso atrás


Llegaré poco a poco. Cada día estoy más cerca, lo siento, lo presiento. Algún día llegaré definitivamente. Ahora ya solo queda esperar para alcanzar ese momento en el que estés conmigo.
O quizá me equivoque y sea todo una ilusión mía...

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Don't let the opportunnity slip



His palms are sweaty, knees weak, arms are heavy
There's vomit on his sweater already, mom's spaghetti
He's nervous, but on the surface he looks calm and ready
To drop bombs, but he keeps on forgettin
What he wrote down, the whole crowd goes so loud
He opens his mouth, but the words won't come out
He's choking, how everybody's joking now
The clock's run out, time's up over, bloah!
Snap back to reality, Oh there goes gravity
Oh, there goes Rabbit, he choked
He's so mad, but he won't give up that
Easy, no

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Sus manos están sudorosas, las rodillas débiles, y los brazos le pesan
Ya ha vomitado en su suéter, el spaghetti de su mamá
Está nervioso, pero por fuera parece que está calmado y listo
Para lanzar bombas, pero sigue olvidando
Lo que anotó, la multitud hace escándalo
Abre su boca, pero las palabras no salen
Se está ahogando, ahora todos hacen bromas
Se agota el tiempo, se acabó el tiempo
Otra vez de vuelta a la realidad, oh, allá va la gravedad
Oh, allá va Rabbit, se ahogó
Está muy enojado, pero no se rendirá
¿Sí? No



Lecciones de vida mediante la música.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

lunes, 9 de noviembre de 2009

Sólo es un paso más.


Me quedan mil y una batallas por librar. Me quedan miles de enemigos que derrotar. Me quedan cientos de sueños por cumplir. Me quedan cientos de objetivos por alcanzar. Me queda mucho que dar y espero que mucho por recibir.
Seguiré mi camino, sin dudar, sin vacilar, sin miedo al fallo. simplemente por el 'premio' al final sé que merecerá la pena todo el esfuerzo llevado a cabo.
Si quieres triunfar, no te quedes mirando la escalera. Empieza a subir, escalón por escalón, hasta que llegues arriba.
Gran frase para duros momentos...

domingo, 8 de noviembre de 2009

Pequeños pasos hacen grandes caminos

Para empezar un gran proyecto, hace falta valentía. Para terminar un gran proyecto, hace falta perseverancia. Esta frase debería ser la base de todo lo que buscamos conseguir en la vida.
Piensa lo que quieres hacer con tu vida. Piénsalo bien. Aclara tus ideas. Define tus objetivos. Ve a por ello.
Debes tener el valor de atreverte a dar el primer paso, pero debes saber, ante todo, que tras el primer paso, tienes que dar un segundo, pero que, este paso, no será consecuencia del primero. Tienes que luchar por dar ese otro paso. Tienes que volver a esforzarte. Tienes que insistir. Tienes que luchar y ser constante. Solo así conseguirás todo lo que te propongas en la vida.
Levántate si te caes. Recupérate si fallas. Tú eres el único que decide hasta dónde puedes llegar. No dejes que tus miedos nublen tu destino.
Yo ya di mi primer paso, ahora busco el valor para dar el segundo...

viernes, 6 de noviembre de 2009

Pocas palabras, mucho sentimiento.

- ¿Qué haces?


+ Te miro.


- ...


+ ¿Acaso no puedo hacerlo?


- Si así lo deseas...


+ No lo deseo, lo necesito...


- ¿ Hablas en serio?


+ ¿Ves que me ría?


- No...


+ Necesito despertarme y saber que estás bien , venir y que sea tu sonrisa lo primero que captan mis ojos, y por último perderme mirándote, mirándonos...

- Me da miedo perderme.


+ No lo harás , nunca soltaré tu mano.


- ¿Seguro?


+ No puedo hacerlo , te quiero demasiado.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El príncipe de la noche

El territorio más árido de la televisión transita entre la madrugada y el amanecer. Territorio hostil, ahora ocupado por tramposos concursos para insomnes. Presentadoras de profundos escotes y escuetas faldas alimentan la fantasía del diálogo con la audiencia, mientras la letra pequeña establece en la base de la pantalla las condiciones de pago por las llamadas. Si no es un timo, lo parece.

Fueron muchos los servicios que Andrés Montes rindió al periodismo, pero quizá ninguno tuvo más mérito que la conquista de ese paisaje inhóspito, aventura que comenzó en 1996. Alfredo Relaño, entonces director de Deportes de Canal Plus, aconsejó la compra de los derechos de emisión de la NBA. Necesitaba una cara y una voz. Recordó un reportaje que se había ofrecido poco antes en El Día Después. Lo protagonizaba el vehemente narrador de un partido del Atlético en la gloriosa temporada del doblete. “¡Algo se mueve al sur de la ciudad!”, clamaba el periodista de Radio Voz. Era Andrés Montes.


Relaño sólo necesitó una hora de viaje a Toledo para convencerse de su elección. La excusa era un partido de Copa que iba a disputarse en El Salto del Caballo. Durante el trayecto, Montes fue puro Montes: incontenible, seductor, irónico y frágil. Solía referirse a su delicada salud con una mezcla de desdén y resignación. Días después, a las horas más intempestivas de la televisión, en un canal codificado, El Negro Montes comenzó a narrar los partidos de la NBA.


Montes comprendió pronto la deriva del periodismo actual. Nuevas tecnologías, nueva globalidad, nuevo modelos de comunicación, donde el periodista suele ser menos importante que el personaje. Andrés Montes se sentía periodista y siempre fue respetuoso con la profesión y sus colegas. Jamás habló mal de los compañeros. Nunca resignó su curiosidad: leía y escuchaba con la misma pasión que desplegaba en las narraciones. Era un observador generoso y elegante, pero sabía que su función requería de un personaje que cultivar. Si había que triunfar, lo haría a su manera.


A la una de la madrugada, la Torre Picasso era un lugar desolado. Sólo un pequeño grupo de técnicos y maquilladoras aguardaban el comienzo de los partidos de la NBA. La gente no ocultaba el quebranto del horario. Montes evitaba cualquier tentación al abandono. Aparecía impecable cada noche: la pajarita, el chaleco atrevido, la elegante chaqueta, los zapatos ingleses y las gafas de diseño. Obsesivo por naturaleza, cuidaba el personaje hasta los menores detalles.
Nunca un deporte le ha debido tanto a un periodista como la NBA. El producto era excelente, y no faltaron pioneros acreditadísimos como Vicente Salaner y Ramón Trecet, pero no parecía fácil apostar por el éxito en un canal de pago y en un horario disuasorio. Desde esta perspectiva, Andrés Montes fue un gigante. No hay forma de pensar en el éxito de la NBA sin un narrador torrencial, ajeno a la fatiga, dispuesto a luchar por cada espectador en cada minuto y hacerlo cada noche, cuando la televisión es un páramo.


Montes pertenece a la raza de los escasos elegidos que logran cambiar los hábitos de la gente. Convirtió a la NBA en el espectáculo del momento, el que era necesario ver y comentar, no importaban la hora y el insomnio. No le faltó el aconsejable punto de fortuna. Comenzó su aventura con el espectacular regreso de Michael Jordan a la NBA y sus tres títulos sucesivos. Hubiera triunfado en cualquier caso, con o sin Jordan, porque nunca fue un maniaco de las estrellas. Prefería a los dudosos, los cuestionados capaces de excitar su imaginación: Dennis Rodman, o Antoine Walker, o cualquier barrabás que le alegrara la noche.


Andrés Montes nos dijo que no había horarios imposibles, ni audiencias esquivas. Fue el príncipe de la noche, un personaje que actuó decisivamente sobre una generación entera de jóvenes aficionados, un hombre de salud frágil envuelto en el simpático atrezzo de un dandi, un observador con vastos conocimientos en el mundo de la música y el cine, un obsesivo de convicciones arraigadas y, sin embargo, ningún interés por el sectarismo, un narrador formidable que dejó para el final su mejor momento, una pieza maestra del periodismo. Nunca en la historia de la televisión se ha vivido una despedida más concisa, elegante y emotiva que la protagonizada por Andrés Montes tras la conquista del Europeo de basket: "Yo me despido de todos ustedes. Es mi última transmisión con La Sexta y voy a decir lo mismo que decía hace tres años y pico, cuando llegué aquí: la vida puede ser maravillosa. Muchas gracias, amigos".









Extracto del artículo El príncipe de la Noche, de Santiago Segurola.