domingo, 31 de octubre de 2010

Es un llanto desesperado de soledad


Sabe que no puede acercarse a ella, ya que le da vergüenza, que es incapaz, que ahora se ha dado cuenta que podría llegar a dar todo por ella, que hace tiempo pasó de ella y ni se pensó que podría llegar a sentir algo por ella, pero ahora... ahora las cosas son distintas. Porque ella para él no era nadie, simplemente una chica que algunas veces veía y a la que apenas, por no decir nunca, preguntó qué tal estaba ni si le pasaba algo, mientras ella le miraba desde la distancia. Ella era una desconocida y ahora se arrepiente del tiempo perdido, porque pudo haber sido algo, pero ahora ya no hay opción.

Él es parte del pasado de ella y ya no volverá a ser nadie importante para ella. Las tornas han cambiado y ahora es él quien para ella no es nadie. Ahora si le ve, le saludará indiferente.

Mientras él se muere por poder decirle algo, sólo sentarse a su lado, cruzar alguna palabra más que un simple hola. Pero ya nada, ha perdido su oportunidad y tiene que observar desde la distancia y eso le duele tanto, porque tuvo algo tan importante tan cerca que no lo supo apreciar, y, ahora, se arrepiente, porque podría haber tenido algo especial, pero no supo ver lo que ella le podía ofrecer. Sólo nos acordamos de lo que tenemos cuando lo hemos perdido. Gran verdad. Pero ahora no hay vuelta atrás y tiene que conformarse con ver que ella está tan lejos, como a años luz de distancia, pero a la vez tan cerca, que si estirase los brazos le tocaría con la punta de los dedos...

domingo, 10 de octubre de 2010

Todo contigo, nada sin ti.


* Contéstame a una pregunta, por favor - comienza diciendo él.
+ Las que sean - responde ella.
* ¿Qué le queda a una persona a la que le han quitado todo? - pregunta él.
+ Difícil responderla - contesta dubitativamente ella.
* Tú sólo inténtalo - insiste él suavemente.
+ No le queda nada - responde ella con algo de temor, perfectamente perceptible en su tono de voz.
* Entonces, ¿nada debe de temer perder? - dice él, realizando una nueva pregunta.
+ No, debe temer perder algo todavía - responde ella ágilmente.
* Y eso, ¿qué es? - pregunta él, intrigado.
+ Su propia vida - responde ella decidida.
* No tiene por qué - contesta él.
+ Eso es lo último que se pierde - replica ella- , junto con la esperanza.
* ¿La esperanza? Yo la perdí con la propia vida - contesta él -, y todavía no me la han devuelto.
+ ¿Y dónde está? - pregunta ella intrigada.
* Con el resto de mi ser, con mis sentimientos, mis ideas, mis temores, mis alegrías... con mi corazón - contesta él, casi entre lágrimas.
+ ¿Y dónde está ahora si puede saberse? - pregunta ella, realmente cautivada por el tema del que están conversando.
* Roto en mil pedazos, desgarrado por todos lados, sin remedio, sin cura, sin solución - contesta él.
+ Nadie puede quitarte tu corazón - rebate ella.
* Eso mismo pensaba yo - contesa él -, hasta que tú te cruzaste en mi vida.
Un gesto de sorpresa marca la cara de ella, no se esperaba esa respuesta, o sí, la verdad es que sí, lo sabía, ya habían hablado de ello antes, pero pensó que se le había olvidado, que se le había pasado, que había quedado atrás en el olvido.

+ Lo siento, pero yo no siento lo mismo por ti - responde ella, como clavándole un puñal.

Esas palabras duelen, dentro, profundamente. Él aguanta como puede, pero no lo soporta, de sus ojos brotan ya gotas de agua, lágrimas, que no puede contener. Se gira, se va, no mira atrás. Apenas suspira un adiós, casi imperceptible. No quiere oír que pueden ser amigos, eso duele más que cualquier otra cosa. No quiere verle más, nunca. La imagen de su sonrisa le acompañaré en su mente hasta el final o hasta que él lo recupere o ella decida guardarlo dentro del suyo.