
Yo crecí de golpes, de caerme y levantarme yo solo. A mi alrededor la gente me miraba, señalándome con los dedos índice de sus manos, riéndose de mí y de mi desgracia. Y yo..., yo abría las palmas y las apoyaba contra el frío y duro suelo, me impulsaban de modo que los músculos de mi pecho y mis brazos se tensaban, provocando una tensión suficiente para que doliera, pero sin dañarme del todo. Y yo..., hincaba la rodilla en el suelo y me impulsaba para levantarme una vez más. Y yo..., aguantaba las lágrimas, dejando sólo un grito duro salir de lo más profundo de mi garganta. Conozco este proceso perfectamente, lo he hecho mil veces y mil veces más que lo haré.
Pero, lo peor no es la caída y el levantarme solo, sino el hecho de que a mi alrededor la gente me tendía la mano; mas, cuando yo la iba a agarrar para usarla como apoyo para levantarme, las apartaban y yo volvía a caer. "No confíes en nadie, así nadie te podrá dañar", recuerdo esto mientras escupo sangre de un corte hecho en el labio tras mi última caída.
Cierto es que no te puede fiar de nadie, y cierto es que sin los demás no eres tú mismo. Sin nadie, no avanzas; con alguien, tampoco. ¿Qué me queda hacer? Levantarme yo solo, sin una mano que me apoye, sin una palabra que me anime ni nada que me hiera. Así es y así será siempre. Nadie me ha regalado nada, yo no se lo he pedido; estoy aquí por cómo he decidido seguir adelante. Y, la verdad, es que me ha ido jodidamente bien.
Pero, lo peor no es la caída y el levantarme solo, sino el hecho de que a mi alrededor la gente me tendía la mano; mas, cuando yo la iba a agarrar para usarla como apoyo para levantarme, las apartaban y yo volvía a caer. "No confíes en nadie, así nadie te podrá dañar", recuerdo esto mientras escupo sangre de un corte hecho en el labio tras mi última caída.
Cierto es que no te puede fiar de nadie, y cierto es que sin los demás no eres tú mismo. Sin nadie, no avanzas; con alguien, tampoco. ¿Qué me queda hacer? Levantarme yo solo, sin una mano que me apoye, sin una palabra que me anime ni nada que me hiera. Así es y así será siempre. Nadie me ha regalado nada, yo no se lo he pedido; estoy aquí por cómo he decidido seguir adelante. Y, la verdad, es que me ha ido jodidamente bien.






