
Me encanta que hablemos en inglés - dijo ella sonriente.
Hablaría en ruso si fuera necesario - contesta él.
¿Y por qué aprenderías ruso? - pregunta ella.
Pues por ti, evidentemente - responde él guiñando un ojo.
¡Bobo! - contesta ella sonrojándose -, no me digas eso que ya sabes cómo me pongo de colorada con esas cosas.
Además de ponérsete la sonrisa que tanto me gusta - añade él guiñándola el ojo de nuevo.
Ella agacha la cabeza y se ruboriza aún más, intentando quitar esa sonrisa que tanto odia, pero que por él, sería capaz de ponerla siempre.
Sabes que odio esa sonrisa, no me hagas ponerla - responde ella, queriendo parecer enojada.
Yo en tu caso no la odiaría - dice él decididamente.
¿Y por qué debería ponerla? - pregunta ella, perdiendo todo el 'enojo'.
Ahora no te lo quiero decir yo - replica él, ahora queriendo hacerse el duro.
¡Venga! - contesta ella - dímelo anda...
Sabes que no lo haré - replica él -. Como buen cazurro que soy no me dejo amedrentar.
La mentira es enorme. Ella pone cara de pena y él no puede soportarlo más de diez segundos. Necesita ver su sonrisa, sentir que ella es feliz y disfrutar de ella y de su buen humor y de su alegría.
Vale - dice él, no pudiéndose conterner más - te diré porqué lo digo...
¡Sí! ¡Venga, dímelo! - dice ella, sonriendo nuevamente, produciendo en él una alegría aún mayor si puede.
Porque te hace más bonita - contes él pausadamente -, si es que eso es posible claro.
Ella se da la vuelta, roja como un tomate. Él la abraza, la gira suavemente hasta que están frente a frente y la mira fíjamente a los ojos mientras la sonríe.
No sé porqué me mientes diciéndome estas cosas tan bonitas - replica ella.
Nunca te miento - contesta él -, lo sabes de sobra, no está en mi forma de ser, en mi naturaleza.
Pues no lo hagas nunca - añade ella mirándole a los ojos, haciéndole derretirse por dentro por besarla, pero conteniéndose por miedo a cómo actuará ella -, ¿me lo prometes?
Te lo prometo - responde él -, y sabes que nunca incumplo mis promesas.
Lo sé - añade ella, abrazándole -, gracias de verdad.
Gracias a ti - responde él apretándola fuertemente entre sus brazos.
Él sabe que no lo ha cumplido, que acaba de romper esa promesa, si es que en algún momento no lo hizo. Él piensa que es mejor vivir en el engaño y no contarla la verdad, que decirla lo que siente de verdad. Conservará ese secreto que es tan importante para él, que debe permanecer guardado, preservado, para él sólo y para nadie más: ese secreto que no es otro que que está enamorado de ella. Piensa que porqué no se lo va a decir, que no pierde nada por intentarlo, y piensa que si no se arriesga nunca sabrá si perderá o ganará, peero, al final, llega a la conclusión de que si no arriesga podrá ganar o perder, pero que si no se arriesga ganará seguro, porque conservará su amistad con ella; algo que sin duda más vale la pena que perderla, pues no se imagina una vida sin su sonrisa a diario...